sábado, 12 de julio de 2008

Como empezó todo


Todo empezó un día de mayo, en el que conocí a la persona más especial del mundo.

Un chico moreno, con los pelos empinadillos de alante y un poco larguicos de atrás; ojos oscuros, penetrantes y grandes, con unas pestañas de infarto y súper rizadas; piel súper lisa, morena, con brillo de costa, suave; ancho de hombros, con un tatuaje de un demonio infantil en el hombro; lo vamos mirando desde los hombros hacia abajo y vamos viendo como se estrecha, llegamos a su cintura y a su barriga y vemos una tableta de chocolate bien formada; seguimos y continuamos con unas piernas perfectamente formadas, depiladas y tan suaves como toda su piel.

Ese día después de haber estado otros tantos mandándonos sms llegó el momento del encuentro. Como siempre me suele ocurrir, yo estaba súper nerviosa, las piernas me temblaban, me sudaban las manos, las palabras se me entrecortaban, me puse muy roja y no paraba de reír.

Todo ocurrió en su casa, donde fui con unas amigas; allí estaba él, sonriente, esperando saludarme y que le diera dos besos. Yo de los mismos nervios no sabía que hacer y me senté en una silla sin poder quitar mis ojos de esa figura tan emocionante que creaba todo su cuerpo.

Al poco rato de estar allí, no creáis que pasó mucho, una amiga nos ofreció unos cigarritos, cual fue mi sorpresa cuando vi me cigarro dentro del puente que se crea entre mis dos pechos. Habían empezado un juego y yo sin darme casi ni cuenta. De repente vi a ese chico que venía hacia mi, con esa cara de pillín que tiene, esa sonrisa tan maravillosa, con labios carnosos y dentadura perfecta y súper blanca.

Cuando lo tuve a menos de un centímetro de mi cara, bajó lentamente y con su boca recorrió mi pecho para coger mi cigarro, los sentimientos fueron estremecedores, un sudor frío recorrió todo mi cuerpo a la vez que se estremecía.

Pero claro, todo no podía ser tan perfecto y este maldito aparato llamado móvil tuvo que sonar, era la hora de mi recogida y no querían que tardara más tiempo. Así que tuve que terminar el juego, sin ganas de marcharme, recoger mis cosas y salir pitando, sin antes no despedirme de esa belleza y quedar al día siguiente en el mismo lugar.

Esa noche, ya en mi cama no pude dejar de pensar en él, todo el juego se venía a mi mente una y otra vez y creo que no dormí, solo pensaba en poder verlo y tocarlo de nuevo.


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