
No sé si me siento hoy más fuerte que el sábado, o tal vez más débil y por eso decida contaros lo que esa noche ocurrió.
La vida se volvió trágica, el cielo oscureció y nada alumbraba mi corazón. Acababa de perder a la mejor persona que he tenido, y no quería creérmelo. Derramé todas las lágrimas que existían en mi cuerpo, pero ¿de qué me servía? ya nada podía hacer, no había otra solución aunque llenase todos los océanos con mi llanto. Esa persona había decidido seguir su camino y yo ya no formaría parte de él. Aunque siempre me preguntó por qué, no tengo la respuesta, pero una válida sería que yo debería seguir mi vida y volver a ser feliz.
Mi felicidad ya no estaría compartida con el moreno que volvió a relucir mi sonrisa, ya no sería de aquel niño que me hacía sentir mujer y niña a la vez, de aquel cuerpo que me hacía volar, ya no sería de la persona que me hacía sentir especial cada segundo que yo escuchaba su voz.
Aquella noche mi vida ya no me importaba, quería dejar de vivir... Nada de lo que me decían podía consolarme, una voz interior me recordaba que debía olvidarle, pero ¿acoso eso es lo que quiero?. ha decir verdad todavía no lo se, no se si quiero olvidarlo, no si si quiero seguir amándolo, lo único que se es que un dolor enorme atraviesa mi corazón durante cada minuto que duran los días, como si un millón de espadas me atravesaran.
Si algún día se con seguridad que lo quiero olvidar, o se con seguridad que este amor ya ha acabado para mí, espero que sea para siempre, y que no vuelva a relucir como lo ha hecho durante estos cuatro años, que creyendo tenerlo olvidado, ha estado más vivo que nunca dentro de mi ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario