
Llegó el ultimo día, no os podéis imaginar lo que yo sentía. un amor que quemaba por dentro, tristeza porque era el final y el terror a lo que pudiera pasar. Muy temprano me levanté, esperando que llegara el momento.
Como una adolescente loca, revolví todo el armario, buscando la ropa que le pudiera hacer recordar los momentos que pasamos juntos, la ropa que lo volviera loco. por fin la encontré, me vestí y fui al reencuentro con una amistad para no ir sola.
Llegó la hora, nos llamó, estaría esperándonos en su casa, el miedo se apoderó de mí, estaba muy nerviosa, mis piernas no podía controlarlas y mi corazón comenzó a latir muy fuerte.
Salí hacia su casa, no podía creer que ya estaba en su puerta esperando que mi príncipe me abriera la puerta.
Entré, un saludo seco nos recibió, un hola que hizo que mi alma me diera un vuelco y me senté. estaba enamorada y ni siquiera podía mirarlo a la cara. me sentía sola en aquella casa, el ruido de fondo de la tele era la única compañía que tenía en esos momentos, ya que no me habló en ningún momento. Solo pude escuchar de su boca " y tú, ¿que me cuentas?
Tanto han cambiado las cosas en un segundo para que esto ocurriera? no podía creerme que estuviera en la casa donde durante un tiempo fui feliz, con el hombre que me hizo vivir, y que toda fuera tan extraño, tan lejano y que yo me sintiera tan perdida.
Todos decidimos salir fuera a tomar un café y cogimos nuestros coches, nos fuimos a un lugar cercano, pero todo continuó igual; él estaba pasando de mí, quizás esa no sea la palabra exacta, pero me o me estaba haciendo mucho daño, no lo culpo a él, porque sé que toda la culpa fue mía, al ir a su encuentro sabiendo que algo de eso me podía esperar.
Pienso que me dejó un poco mal delante de su amiga, por las palabras que me dijo, pero eso no me hizo sentir tan mal como lo llevaba pasando desde que lo vi, apenas hice caso.
Llegó el final, nos marchábamos y ya jamás nos volveríamos a ver, así que nos despedimos en la misma puerta de la cafetería. Una despedida fría y rápida, como la caída de un rayo. Medio dos besos, casi sin rozarme, dos besos tirados al aire, a mucha distancia su cuerpo del mio, nunca imaginé que él podría hacer aquello. Y se fue para siempre.
Unas veces pienso que tal vez eso fue lo mejor, porque según sus palabras no podía seguir haciendo daño a más gente, pero lo mejor para quien? Quizás a los mejor no nos habríamos hecho daño con una buena despedida, quizás hubiera sido lo mejor para los dos, y así no sufriríamos. Ahora eso ya no se podrá saber nunca, porque ya no tendré noticias suyas. Su novia ha hecho que se lo trague la tierra para siempre y que para mí sea un hombre que ha dejado de existir.
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